Resiliencia Empresarial, artículo de Pilar Martínez Antuña en el diario El Comercio

Pilar Martínez Antuña

Artículo de Pilar Martínez Antuña titulado ‘Resiliencia Empresarial’ publicado el 1 de mayo, Día del Trabajo, en en el periódico El Comercio. En este enlace podéis consultar el artículo en la edición en papel de dicho diario, que a continuación, transcribimos:

En la crisis del 1.929 nadie se podía imaginar lo que pasaría el 29 de octubre de dicho año. La bolsa para los americanos era como un juego en el que no hacía falta muchos conocimientos para ganar dinero, todo era muy fácil hasta que el Dow Jones perdió un 64% de su valor y Estados Unidos entro en una gran depresión que posteriormente arrastró al resto del mundo. Una de las causas fue, la caída de los precios agrícolas y  el crecimiento económico sin regulación en los mercados financieros, es decir, familias e inversores se endeudaban para adquirir bienes de consumo o para inversiones, compraban coches o invertían de manera especulativa en bolsa. Con el crack las familias e inversores no disponían de activos de suficiente valor para hacer frente a sus deudas, es decir, el valor de reposición de los bienes de consumo, coches y el valor de cotización de los valores en bolsa. Habían caído de tal manera que no podían hacer frente a sus deudas y terminaron arruinándose masivamente.

La recuperación de esta gran depresión aproximadamente duró tres años y medio hasta que se comenzó a ver luz al final del túnel. Uno de los principales sectores afectados fue el sistema bancario, quebrado por completo por falta de liquidez, y recuperado mediante la inyección de liquidez de ahorradores y con la regulación a fondo del sistema bancario. Otro problema importante, fue el desempleo y el enorme descenso de la producción que fue corregido con las reformas de 1.933 cuando se introdujeron medidas de ayuda a la industria y aumento de los salarios de los trabajadores.

Esta fue una crisis financiera, económica y social sin precedentes que impactó directamente en la economía de Estados Unidos y arrastró al resto de la economía mundial. La recuperación abarcó, como periodo principal tres años y medio y, como consecuencia de esta gran depresión, se tomaron medidas más eficaces, entre otras, se modificó la legislación básica de la bolsa y la vigilancia de los mercados financieros. Una crisis de la se tomaron sabias lecciones y se salió reforzado.

Antes de la crisis de 1973, el mundo sufrió dos guerras mundiales devastadoras, conflictos bélicos que repercuten inevitablemente en la economía global y de la que se derivaron consecuencias como la falta de suministros, el aumento de gastos en equipos bélicos y la destrucción del tejido industrial principalmente. Efectos que marcaron la necesidad de reestructuración de los mercados nacionales y de un nuevo orden de los mercados internacionales (tratados y acuerdos).

Otra crisis mundial fue la crisis del petróleo en 1973 originada por aumento del precio de un producto (petróleo) como arma política entre los productores árabes y la económica mundial. Los países de la OPEP subieron el precio del barril del petróleo un 375%, lo que provocó un aumento en la factura energética en los países industrializados y una importante crisis industrial.  Como consecuencia, los países occidentales se prepararon para no depender íntegramente del petróleo e iniciaron políticas de diversificación y de ahorro energético para ser más independientes energéticamente.

España sufrió en 1993 la mayor recesión en sus últimos 30 años, fue una crisis financiera, la tasa de paro rondaba el 24,5% de la población activa, la deuda pública era de aproximadamente el 68% del PIB, la tasa de morosidad alcanzó el 8,7%. Fueron años en los que se realizaron importantes inversiones públicas como, la EXPO en Sevilla, la construcción del AVE Madrid-Sevilla, los Juegos olímpicos de Barcelona en 1992. Años de un esfuerzo inversor enorme con el consecuente endeudamiento. Una de las causas de esta crisis fue el estallido de la burbuja inmobiliaria, caracterizada por la obra pública (endeudamiento del sector público) y la poca estabilidad de la moneda (peseta) que originó una inflación relevante (aproximadamente del  5%). La crisis se combatió devaluando la moneda para construir un mercado más competitivo y adoptando medidas de austeridad con contención de la inflación y baja de tipos de interés en los mercados.

Estalló de nuevo una crisis económica- financiera mundial que se inició en Estados Unidos a finales de 2007 pero tuvo su mayor impacto en el año 2008, influida por el final de la especulación (hipotecas subprime, las entidades bancarias prestaban dinero a muchas familias y entidades que no podían devolver) y de la burbuja inmobiliaria. En España se cuestionó por completo el modelo financiero, económico y productivo; se produjo un aumento del desempleo, una disminución del crédito a empresas y la crisis traspaso la economía y afectó a los ámbitos políticos y sociales. La lección de esta crisis principalmente ha sido el fortalecimiento y supervisión del sector bancario con mayor regulación y mejor gestión de riesgos en los bancos.

Y una nueva crisis mundial en el año 2020, se trata de una crisis sanitaria, una pandemia internacional, el COVID-19, que amenaza seriamente la salud de la población mundial. No es, inicialmente, una crisis financiera, económica, bélica o productiva; la economía mundial y, también la economía española, previo a esta crisis sanitaria, reflejaban índices macroeconómicos con tendencias positivas, expansión mundial y beneficios empresariales. La economía en España crecía un 1,8% y la economía mundial un 2,4%, en cuanto al indicador de la tasa de empleo,  en España y a nivel mundial aumentaba. Todos los indicadores económicos eran esperanzadores.

Según la OCDE, la expectativa de crecimiento mundial, antes de la pandemia, era en el año 2020 de un 2,4% y en el 2021 de un 3,3%.

Es difícil predecir cuál va a ser el impacto real de esta crisis sanitaria en la economía mundial, en primer lugar, porque no sabemos la duración de esta pandemia, y, en segundo lugar, porque desconocemos la virulencia real del virus. Pero lo que no hay duda es que el efecto en la economía, en las empresas y en los empleos va a ser significativamente negativo y largo.

La reacción inmediata de los Gobiernos y las medidas de contención adoptadas de manera necesaria (el estado de alarma declarado), afecta de manera directa a la economía mundial y a cada país de forma particular. El cierre de establecimientos de acceso al público, como bares, tiendas (no de alimentación), espectáculos o la imposibilidad de realizar desplazamiento, minoran drásticamente el consumo y la actividad empresarial.  Inevitablemente, esta situación de parón económico sobrevenido y pérdida de confianza afecta directamente a la producción de las empresas: menos producción menos ingresos, y, por lo tanto, menos necesidad de personal (afecta negativamente a la tasa de empleo), posible quiebra de la empresa y, consecuentemente, impacta en la renta de las familias para poder atender sus deudas.

La cuestión ahora es ¿qué hacer?

Es importante recordar que la crisis es una crisis sanitaria, la prioridad, en todo momento, es esforzase y tomar medidas de contención para evitar los contagios y la expansión de la pandemia, es decir, la prioridad es la salud de la población y cortar cuanto antes la propagación del COVID-19. Pero, inevitablemente, como consecuencia de la crisis sanitaria se origina la crisis económica y, en este sentido, las políticas monetarias no pueden evitar la recesión económica, pero si pueden gestionarla a tiempo y eficientemente para que dure los menos posible.

En cuanto al impacto económico global, adjunto en el cuadro inferior, el escenario de crecimiento a la baja estimado por la OCDE por trimestres en el año 2020, la caída mundial se espera aproximadamente del -1,8%. Europa tendrá su mayor impacto económico en el tercer trimestre recuperándose ligeramente en el cuarto trimestre ( la mayoría de los escenarios de los expertos no prevén la recuperación de la economía hasta el segundo trimestre de 2021), por tanto, es inevitable hablar de recesión mundial porque los indicadores económicos reflejan pérdida de confianza, disminución del consumo, disminución de la inversión, caída importante de ventas, aumento del desempleo, incremento de impagados y situación de crisis en las empresas.

¿Qué medidas estratégicas puede una empresa tomar para responder esta recesión?

  1. Análisis de posición de la empresa: la crisis clarifica los mercados y desaparecen las empresas no competitivas lo que permitir mejorar cuota de mercado y posicionamiento, pero para ello la empresa debe estar preparada.
  2. Poner en práctica una estrategia o plan de crisis con escenarios posibles (duración, intensidad, impacto), variables claves (gastos, ventas, liquidez) y alternativa de actuaciones (actuación en función de los escenarios y variables claves analizadas.)
  3. Análisis de los proveedores claves para la actividad: En materia de gastos y costes es importante realizar un análisis de los costes, evitando gastos superfluos y buscar, necesariamente, la eficiencia en los procesos productivos y la flexibilidad de los costes.
  4. Asegurarse ventas rentables y cobrables, de nada sirve, en momentos de crisis, aumentar cuota de mercado si no se cobra, si el cliente no es solvente.
  5. Preservar la liquidez de la empresa y/o gestionarla eficientemente, seguimiento directo sobre la gestión de cobros.
  6. Implantar políticas de recursos humanos flexibles.
  7. Analizar acuerdos contractuales y legales ¿existe posibilidades de incumplirlos?
  8. La implementación y mejora de la tecnología es una de las mayores lecciones que nos ha impartido la crisis del COVID-19, la inversión en tecnología tiene que ir encaminada a generar eficiencia, más productividad y flexibilidad en la empresa.
  9. Pensar a largo plazo, con objetivos de negocio a largo plazo, se tiene que tener presente o convertir cualquier situación en oportunidad, en épocas de crisis siempre surgen oportunidades.
  10. No es aconsejable tomar medidas precipitadas, puede ser perjudicial pues las medidas deben de ser analizadas, valoradas, no precipitadas, pero sin pausa.
  11. Es un excelente momento para generar confianza en el equipo, sentimiento y compromiso de empresa, identificando el factor humano como responsable directo del éxito de la gestión.

En estos momentos de crisis económica sobrevenida de manera drástica e inesperada, parece obvio que las empresas no tienen en los libros y manuales la gestión de la respuesta a esta recesión. Cada empresa se encuentra en un posicionamiento y en una situación en el mercado diferente y con unas características particulares que le obligan a responder de una manera determinada. Es decir, cada empresa debe elaborar su propio plan de crisis o su planificación estratégica personalizada. Históricamente ha quedado demostrado que de las crisis siempre se sale, pero para que las empresas resurjan en el mercados más reforzadas y competitivas están obligadas a prepararse y evaluar el posible impacto del COVID-19 en su actividad.

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